
Cómo nace una silla Calligaris
Todo comienza en un lugar tranquilo, donde la madera crece lentamente, siguiendo el ritmo de la naturaleza. Es la propia naturaleza la que nos enseña el valor del tiempo, con sus estaciones, sus pausas, sus transformaciones.
La madera es un material vivo, respira, cambia, y solo las manos humanas pueden transformarla en algo que refleje quiénes somos.
Cada corte, cada curva, cada acabado se convierte en una historia de cuidado, paciencia y dedicación. Porque un objeto nunca es solo un objeto, es una elección consciente, un legado que se renueva constantemente, al igual que la naturaleza. Así es como cobra vida una silla Calligaris: del encuentro entre el hombre y la naturaleza, entre el diseño y la pasión, entre el cuidado y la belleza. Cuando te sientas, no solo encuentras comodidad. Te sientes como en casa, porque cada silla lleva dentro algo raro y precioso: un alma.


En Calligaris, cada creación tiene una historia. No solo la que hay detrás de la idea que la inspiró, sino también la historia de quienes la han tocado, elaborado y perfeccionado.
Porque detrás de cada objeto que parece inanimado hay una mirada atenta, un gesto preciso, el cuidado de una persona. Y es esta presencia silenciosa la que lo hace único: una huella de humanidad entrelazada con la materia, transformándola en algo vivo, auténtico e irrepetible.

Conoce al protagonista: Oleandro. Una silla ligera con carácter, capaz de destacar sin pasar nunca desapercibida.
Oleandro toma su nombre de la planta que la inspira: hojas delgadas y alargadas que se convierten en la firma visual y conceptual del diseño. El suave aplanamiento del tubo de madera recuerda esa forma natural, convirtiéndose en un detalle icónico. Una silla ligera y esencial que lleva consigo el espíritu de la naturaleza.

Silla Oleandro
La idea detrás de su diseño proviene de una simple observación: las hojas delgadas y alargadas de la planta de adelfa.

Su rasgo distintivo
El elemento de madera aplanado que abraza el respaldo.
