
Oleandro. Única. Como nosotros.
¿Cómo contar la originalidad de un producto? Con la silla Oleandro cambiamos de perspectiva. Después del diseño y el desarrollo, esta vez fuimos más allá: elegimos contar lo que no se puede medir. Empezamos por las personas.
Elegimos mirar Oleandro desde otra perspectiva. No partir del objeto, sino de las personas que lo hacen posible cada día, siguiendo cada fase y conociendo a fondo su carácter.
Calligaris confía la historia de Oleandro a las personas que comparten su crecimiento y evolución: sus empleados.
Personas con distintos roles, experiencias y trayectorias, unidas por un mismo patrimonio de competencias, atención y cuidado.
De este conjunto de miradas y gestos cotidianos nace una narrativa auténtica, capaz de transmitir la identidad del producto a través de quienes lo viven de verdad.
La campaña cobra forma a través de una narración visual esencial, directa y auténtica. Cincuenta y dos personas. Cincuenta y dos retratos. Una sola familia de asientos.
Oleandro no es la protagonista absoluta ni un simple elemento escénico.
Se convierte en una presencia silenciosa y constante, un elemento compartido que atraviesa roles, funciones e historias personales. Está siempre ahí, fiel a sí misma, pero diferente cada vez, porque distinta es la persona que la vive.
No busca imponerse.
Existe. Y acompaña.
Oleandro vista por quienes la viven: elegante, estable, icónica.
Palabras que podrían describir a una persona.
Quizá una compañera. O un compañero.
O una silla.
Pero atención: no una silla cualquiera.
Hemos pedido a quienes viven Calligaris cada día que cuenten Oleandro con un adjetivo, una sensación, una palabra. El resultado es una historia hecha de similitudes, caracteres e identidades que se entrelazan. Porque detrás de cada producto no hay solo una idea de diseño. Está quien lo imagina. Quien lo desarrolla. Quien lo cuida. Quien lo hace real. Quien lo cuenta. Y a veces, dónde termina el objeto y dónde empieza la persona ya no resulta tan claro.

el detalle que la hace reconocible:
en oleandro, es el respaldo
Cada producto de la familia Oleandro de Calligaris es reconocible por su rasgo distintivo: el respaldo.
Un elemento de madera o metal acompaña la estructura con naturalidad, envolviéndola en un gesto continuo y medido, afinándose y aplanándose progresivamente hacia el extremo.
Una línea que nace de la función y se convierte en expresión formal, capaz de definir con discreción la identidad del asiento.
La inspiración surge de la observación de las hojas de la planta de adelfa, de las que el estudio Archirivolto extrajo la idea para esta forma tan reconocible. Un guiño a la naturaleza traducido en un gesto de diseño esencial, que une estética, equilibrio y personalidad. Un elemento que no necesita ser enfatizado. Porque se reconoce por sí solo.

Hemos querido dar a este relato una dimensión aún más amplia, involucrando también a nuestra red comercial y a las tiendas Calligaris en todo el mundo.
Porque la unicidad también es esto: personas diferentes, lejanas, pero capaces de reconocer los mismos valores y lo que hace que un producto sea realmente especial. Oleandro no solo lleva la historia de sus materiales y su diseño: cada uno de nosotros la toca, la elige y la vive de una forma distinta. Se deja moldear por experiencias, emociones e historias personales. Así es como se convierte en “ella”. La que se reconoce al instante. La que hace sentir en casa. Nuestras tiendas también forman parte de este equipo: cada encuentro suma significado, y cada persona ayuda a que Oleandro sea única.






















































